sábado, 27 de noviembre de 2010

Segunda Guerra Mundial: La red Gehlen (Parte 3)

La Red Gehlen 

(Última Parte) 

Son utilizados todos los medios, inclusive el chantaje. En este juego, Gehlen se muestra un enemigo temible. Sin embargo, le serán necesarios toda su perspicacia, su seguridad, su tenacidad, su maquiavelismo, para afrontar y convencer al Estado Mayor norteamericano. 
«A lo largo de este período –cuenta Gehlen en sus Memorias-, informé a mis colaboradores, hasta entonces ignorantes de mis intenciones, del proyecto que había concebido, es decir, volver a crear un servicio de información concerniente a los países del Este, en territorio alemán, con el apoyo de los norteamericanos. Jamás he olvidado el escepticismo y la estupefacción con que reaccionaron algunos de ellos. Solamente su buena educación y su confianza en mí, les impidieron decirme claramente que pensaban que mis sueños eran insensatos. Cuando, al final de 1945, llegamos a discutir con nuestros anfitriones norteamericanos estas mismas proposiciones, las mismas no fueron consideradas descabelladas. Simplemente, se nos aclaró que sería preciso esperar un apaciguamiento de la intensa hostilidad de la opinión pública hacia Alemania y también una mayor escisión entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Una acción prematura, se nos dijo, podría engendrar las más molestas consecuencias en el dominio de la política interior y exterior de Norteamérica». 
Al final de ásperas y laboriosas discusiones tiene lugar un acuerdo. El proyecto que presenta Gehlen a las autoridades norteamericanas es aprobado. Se apoya en cuatro puntos fundamentales: 
1. La nueva organización Gehlen será independiente de los servicios de información norteamericanos. Constituirá un aparato autónomo bajo la dirección exclusiva del antiguo jefe del F.H.O. Todo el personal, y especialmente los directivos, serán alemanes. 
2. Ninguna acción será, directa o indirectamente, contraria a los «intereses alemanes», intereses de los que sólo Gehlen será el juez. 
3. El día en que Alemania recobre su soberanía y tenga un gobierno independiente, la organización será inmediatamente puesta al servicio del nuevo Estado. 
4. La organización será utilizada por los norteamericanos únicamente en acciones antisoviéticas, para proporcionar informaciones sobre la U.R.S.S. y los países satélites del bloque comunista. 
Estas exigencias pueden parecer exorbitantes por parte del jefe del antiguo F.H.O.; por parte, en última instancia, de un prisionero de guerra. Sin embargo, los norteamericanos aceptan las condiciones del general Gehlen. Se comprometen a proporcionarle los medios financieros y materiales necesarios para su empresa. La organización Gehlen va a ser pronto puesta a punto. Bajo la protección de los Estados Unidos, va a desencadenarse la más amplia operación de recuperación de S.S. y de miembros de la Gestapo, de los antiguos de la Abwehr y del R.S.H.A. 
«Puede constatarse –me ha aclarado Erich Sauber- que la Red Gehlen fue una de las mejores de la posguerra. Algunos S.S., y entre los más comprometidos, se contentaron con desaparecer durante algún tiempo, para luego reaparecer... ¡en el interior de los servicios de Gehlen!» 
El 9 de Julio de 1946, Gehlen y sus oficiales vuelven a su patria. En Nüremberg termina el proceso de los criminales de guerra nazis. Los norteamericanos asignan el campo de Oberursel, que servía a la Luftwaffe durante la guerra, como lugar de residencia de la futura organización de Gehlen. 

Oberursel 
 
 
El general Edwin Luther Sibert lo utiliza como centro de interrogatorios de los prisioneros de guerra. Rodean el campo altas verjas de alambradas. ¡Qué maravilloso camuflaje! Un centro de reclutamiento de antiguos miembros de la Gestapo y de oficiales de la Abwehr instalado en un campo de prisioneros, y ¡con buena custodia norteamericana! La primera tarea de Gehlen consiste en recuperar a sus colaboradores dispersos por los campos de Mannheim, Wiesbaden y otros lugares. Todos estos hombres han adquirido, durante la guerra, una sólida experiencia sobre asuntos soviéticos. Entre los primeros que llegan está su antiguo adjunto, Gerhard Wessel, que acude en su ayuda. Pero Gehlen tiene todavía un obstáculo por superar: desembarazarse de Baun, que está a punto de poner en marcha una organización competidora. Esta disidencia inquieta aún más a Gehlen por el hecho de que hay numerosos S.S. que se están enrolando en la organización Baun, para escapar de las persecuciones de los aliados. Por otra parte, Baun, el jefe del grupo Walli, dispone de un rasgo importante: continúa estando en contacto permanente por radio con los «ejércitos antisoviéticos», que se baten detrás de lo que Churchill llamó en seguida el «telón de acero» (conocido también como «cortina de hierro»). En Ucrania, y sobretodo en los países bálticos, los hombres de Baun continúan al lado de los guerrilleros nacionalistas y utilizan sus radioemisoras. Pero los informes que se transmiten presentan poco interés desde el punto de vista de la inteligencia, aparte de la satisfacción de saber que los comunistas están en dificultades. Gehlen hace sopesar a Sibert la pobreza de las informaciones proporcionadas por Baun. Los norteamericanos empiezan a impacientarse y Baun tiene que reconocer que no puede hacerlo mejor. El astuto Gehlen aprovecha entonces la situación para anunciar a Washington que tiene la posibilidad de enviar agentes secretos a territorio soviético y de infiltrar otros en el sector ruso de Berlín-Este. Lentamente, pero con seguridad, Gehlen consigue anular a Baun y recuperar para sí la pequeña red que él ha constituido. El número de veteranos del F.H.O. es, sin embargo, insuficiente a los ojos de Gehlen para formar la organización que proyecta. En medio del caos que reina en Alemania, encontrar, enrolar e instruir a especialistas del espionaje no es una tarea fácil. Por supuesto, en los campos de prisioneros abundan antiguos miembros de la Abwehr, del R.S.H.A., del SD (Sicherheitsdienst – Policía del Estado) y de la Gestapo, que continúan siendo interrogados y que son frecuentemente acusados de crímenes de guerra. Cientos de «candidatos en potencia» se pudren en los campos de Moosburg y de Landshut, en Baviera. Gehlen consigue obtener la lista de estos «interesantes» prisioneros. Cuando se lo comunica al general Sibert, este se queda desconcertado. ¿Cómo convencer a los oficiales de información, venidos expresamente de Estados Unidos para interrogar a estos prisioneros, para que abandonen sus misiones? Además hay otra dificultad. Gehlen ha firmado un acuerdo con los norteamericanos, según el cual no emplearía ni S.S. ni miembros de la Gestapo. En realidad, en los meses siguientes, con nombres y papeles falsos, serán muchos los que se incorporen a la red Gehlen. Para hacer funcionar a su nueva organización, éste necesita buenos especialistas. ¡Ni hablar, piensa Gehlen, de prescindir de tales «profesionales»! En un principio, para dar prueba de buena voluntad y de honestidad, Gehlen enrola a hombres procedentes de la Abwehr. He aquí algunas de sus adquisiciones: está primero el coronel Rohleder. Tiene detrás de él más de veinte años de carrera cuando se convierte en jefe del servicio de contraespionaje III-F de la Abwehr. Sospechoso de colaboración en el atentado contra Hitler, Rohleder es detenido por la Gestapo en 1944. Gehlen hace de este acontecimiento un argumento de peso para empujar a los norteamericanos a liberarlo. En cuanto a su homólogo en los Países Bajos, el teniente coronel Hermann Giskes, obtiene su reputación por el éxito de la «Operación Nordpol» que pone en práctica. «Después de haber interceptado y “devuelto” un comunicado enviado a Holanda por los ingleses, sin que nadie se percatara –cuenta Gilles Perrault-, el coronel Giskes desorientó a Londres de tal manera que una decena de agentes holandeses y una cantidad apreciable de pertrechos, que habían sido lanzados en paracaídas, fueron recibidos y atrapados por los alemanes en lugar de los miembros de la resistencia que esperaban encontrar». Giskes, como Rohleder, se enrola en la organización Gehlen. Jefe primero de la sección de Brême, es encargado en 1959 de la «subversión» en los países situados detrás de la cortina de hierro. 
Desde los más conocidos hasta los más oscuros, desde el simple suboficial al general, son numerosos los oficiales de la ex organización Canaris que van a alimentar la red Gehlen. Por ejemplo, el jefe de batallón Kramer, que se ha formado en la famosa «Legión Cóndor» enviada por Hitler para apoyar a Franco durante la guerra civil en España. Kramer era amigo personal de uno de los jefes del O.K.W., el general Alfred Jodl, y del jefe del Frente del Trabajo del IIIer Reich, Robert Ley. Gehlen, que sabe emplear las capacidades de sus hombres, va a nombrarle responsable del sector español. Entre las personalidades que figuran en el fichero de Gehlen está un hombre rígido, de estilo prusiano y moral rigurosa: el coronel Oscar Reile, considerado como el más eminente especialista en Francia. 

Oscar Reile 
 
Su mayor éxito fue el desmantelamiento de la red interaliada, que supuso la detención de setenta miembros de la Resistencia. La organización de esta red se apoyaba en dos personas: el capitán polaco Roman Czerniawski y una joven mujer, Mathilde Carré, apodada «La Chatte». Los prisioneros fueron encarcelados en Fresnes, con vistas a ser enviados ante un tribunal de guerra, pero el coronel Reile tuvo la idea de que ambos podían ser «devueltos» y, tras intentarlo, logró reclutar para la Abwehr a ambos jefes de la Resistencia. 
Los hombres que busca Gehlen para enriquecer su nueva organización deben ser ante todo técnicos calificados. Así descubre especialistas como operadores de radio, fotógrafos, expertos en criptografía, traductores, geógrafos, economistas. ¡Mejor si han pertenecido a la Abwehr o al S.D.: su formación está asegurada! Tal es el caso de Gottherd Gebauer, silesiano de origen, como Gehlen, que hizo toda la guerra como oficial de la Abwehr en Polonia. Es destinado, pues, a la sección «polaca» de la organización, donde sus colegas le dan el nombre de «Marzipan-Schweinchen» (cerdito de mazapán). El coronel Otto Wagner, alias «Doctor Delius», se encuentra también entre los eminentes especialistas descubiertos por Gehlen. Amigo íntimo del almirante Canaris, el Doctor Delius ocupó, a partir de 1941, las funciones de jefe de la Abwehr en Bulgaria. Desde su despacho en Sofía tejió una red de espionaje que cubrió todo el país e incluso el norte de Grecia. Un personaje pintoresco se añade a los miembros de esta sección: el ex coronel Nikolai Kostov, antiguo jefe de los servicios secretos bajo el rey Simeón. Otro especialista de esta región es recuperado por Gehlen después de la guerra: el comandante Josef Selmayr. Antiguo residente de la Abwehr en Eslovaquia, trabajó con el F.H.O., donde dirigía el sector de los Balcanes. Gehlen le confió, después de la guerra, la responsabilidad del espionaje en Checoslovaquia y en Yugoslavia. Tiempo después se convirtió en jefe de contraespionaje militar en la Alemania federal. En materia de infiltración, la red Gehlen ha recibido después de la guerra a otros dos hombres particularmente destacables, el capitán Karl Edmund Gartenfeld, alias «Erhard» o «Schoffer» y Wilhelm Ahlrichs. Estos dos antiguos oficiales de la Abwehr están especializados en hacer pasar a sus espías, en plena guerra, a través de las fronteras rusa, inglesa y norteamericana. Desde su organización, todavía en formación, Gehlen juzga que el objetivo más urgente es enviar numerosos agentes a los países ocupados por las tropas soviéticas. El momento es especialmente oportuno: en toda la Europa Central los servicios gubernamentales y administrativos están desorganizados. El hallazgo de Gartengeld y Ahlrichs es un verdadero suceso. Gartenfeld comandaba, durante los dos primeros años de la guerra, una escuadrilla de la Luftwaffe que ejecutó en Inglaterra 17 misiones de espionaje y sabotaje. En el curso de estas peligrosas misiones, él piloteaba personalmente su avión con enormes riesgos. En 1942 su escuadrilla fue enviada al frente del Este para efectuar diversos espionajes en las líneas soviéticas. Gehlen está orgulloso de haberlo recuperado. Sabe de su valor porque ha tenido que recurrir a él para lanzar pertrechos en paracaídas a sus agentes del F.H.O. sobre suelo ruso. Ahlrichs tiene también una brillante hoja de servicios. Ha realizado con éxito peligrosas operaciones de sabotaje en la costa este de los Estados Unidos. Pero Ahlrichs es famoso sobre todo por haber conseguido infiltrar en Norteamérica numerosos agentes nazis. El fue el organizador más destacado de la «Operación Pastorius», en el curso de la cual dos equipos de agentes, llegados en submarinos, desembarcaron en las costas de Florida. 
Dentro de la red Gehlen, los oficiales alemanes que habían pertenecido a los diferentes servicios de la Abwehr eran mayoría: un sesenta por ciento aproximadamente. Muchos se adaptaron sin dificultades, no siempre en la misma organización, sino en organismos colaboradores. Así, Richard Gerken, capitán de la Abwehr, conocido muy bien por la resistencia holandesa, fue destinado como director de gabinete en la B.J.V. (Bundesamt für Verfassungsschutz – Comisión de Protección de la Constitución), organismo de contraespionaje civil, equivalente a la Dirección de Seguridad del territorio francés. Gerken escribió a propósito de sus actividades: «El modelo que hemos adoptado para formar esta comisión de control ha sido calcado sobre la organización del antiguo servicio Ausland de la Abwehr, es decir, el conjunto de los servicios militares de la Abwehr, que dirigía el almirante Canaris». Numerosos hombres se sirvieron de la red Gehlen para desarrollar una brillante carrera en diferentes ministerios y puestos gubernamentales de la Alemania Federal. El capitán de fragata Alexander Cillarius, antiguo jefe de la Abwehr en Finlandia y Estonia, llegó a ser consejero permanente en el Ministerio de Asuntos Extranjeros para las cuestiones escandinavas. El conde Adeelmann von Adelmannsfelden fue secretario de legación. Ernst Günther Mohr, embajador en Buenos Aires. El doctor Wilhelm Otto, cónsul en Houston. Todos, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, eran hombres de confianza de la Abwehr. Algunos fueron, inclusive, condecorados con la medalla al mérito militar por los servicios prestados en el marco de su actividad de espionaje. Todos fueron recuperados por Gehlen. Las actuales comisiones científicas alemanas de estudios sobre la Europa del Este reúnen distinguidos profesores que, después de la guerra, continuaron su servicio bajo la dirección del general Gehlen. El paso por la red Gehlen equivalía a una «rehabilitación». Los profesores Markert, Mehneit, Oberländer y muchos otros fueron reconvertidos de esta manera. Este es el caso del doctor en Filosofía y Teología Hans Koch. El doctor Koch es un viejo experto en información. Agente de los servicios de espionaje austrohúngaros durante la Primera Guerra Mundial, se pone después del «Anschluss» («anexión», o «unión política» de Austria dentro de la Alemania nazi en 1938), a disposición del Estado nazi y se incorpora a la Abwehr. 

Anschluss 
 
Participa entonces activamente en la preparación de los planes de invasión de Polonia y Rusia. Koch se incorpora a la red Gehlen y, a partir de 1954, dirige el Instituto de Europa del Este en Munich. «La Comisión de Estudios sobre Europa del Este –declara-, con su equipo de investigadores, periodistas y agregados militares, ha reemplazado a una media docena de puestos diplomáticos en estos países». El puesto de Director del Instituto de Historia de Europa del Este en Tübingen es ocupado también por un antiguo miembro de la Abwehr, el profesor Wernet Markert. Otro antiguo oficial de la Abwehr era, igualmente, el profesor Klaus Mehneit. Alcanzó el cargo de titular de la cátedra de Ciencias Políticas en la Escuela Técnica Superior de Aix-la-Chapelle, de redactor jefe de cinco publicaciones sobre la Europa oriental y de consejero del ministro de Asuntos Exteriores para los países del Este. 
Para contrapesar, en su organización, la presencia de hombres con un pasado político dudoso y con una hoja penal recargada, Gehlen tiene la idea de llamar a los brillantes generales de la Wehrmacht. Los norteamericanos están encantados de que éste enrole a oficiales superiores. Su simple ingreso a la red Gehlen los absuelve de todas las acciones que hayan podido cometer durante la guerra. 
-De hecho –señala Erich Sauber-, la apariencia de rectitud que presentó la Abwehr al final de la guerra no fue más que un engaño. En 1936 fue firmada, en efecto, una convención de diez artículos entre la Abwehr y la Gestapo, fijando los límites de sus respectivas actividades, pero implicando un apoyo recíproco. En 1944 las pautas antisoviéticas y anticomunistas fueron adoptadas de común acuerdo por los oficiales de la Abwehr y los del S.D. También en 1944 Hitler ordena que la dirección de todos los servicios secretos se ponga en manos del Reichsführer S.S. Heinrich Himmler. De este modo, los «caballeros» de la Abwehr han pertenecido, en un momento dado, a las S.S. Pero no hay que engañarse: los métodos de acción durante la guerra no diferían demasiado. Este es el razonamiento que ha hecho Gehlen al contratar, también, a los S.S. o a los de la Gestapo. Para estos hombres no se trata siempre de rehacer sus vidas en el primer momento de la posguerra, sino de esconderse. Entrar en la organización Gehlen, equivale a asegurarse la impunidad. Provistos de papeles falsos, ocupando una función «responsable» en una organización respaldada por los norteamericanos, están provisionalmente protegidos- 
-La red Gehlen –explica Erich Sauber- ha sido puesta en pie para luchar contra el comunismo. Ahora bien, desde el principio, Gehlen ha querido ensanchar el campo de acción de su organización y crear secciones encargadas de obtener información en las demás regiones del planeta. África del Norte, Oriente Medio, América latina, son de este modo inundadas por agentes de Gehlen. Le sirven de pantalla sociedades de importación-exportación que son creadas a tal efecto- 
En medio de esta reunión prodigiosa de individuos que constituyen la organización Gehlen se destaca una figura muy singular: el doctor Wilhelm Höttl. 

Wilhelm Höttl 
 
Perseguidor de judíos, falsificador, espía, Höttl es el hombre clave del final de la guerra. Conoce el escondite del llamado «tesoro nazi» y todas las redes de evasión. Hombre de confianza de Kaltenbrunner, Schellenberg, Himmler, Eichmann, Skorzeny, se halla entre el número de los jóvenes del IIIer Reich que, al acabar la guerra, tenía apenas treinta años y estaba dispuesto a todo para salvar la cabeza. Austríaco, doctor en historia a la edad de 22 años, en 1940, como miembro de las S.S., es uno de los más jóvenes agentes de información. En 1944 llega a Hungría con las fuerzas de ocupación alemanas y juega un papel de primer plano como jefe de los servicios de seguridad. Dirige la deportación de miles de judíos y de miembros de la resistencia húngara. El 10 de Agosto de 1944 está en Estrasburgo. Enviado por Himmler a la conferencia del Hotel Maison-Rouge, es encargado de dar a conocer las consignas del Reichsführer, para la organización del Cuarto Reich, a los representantes de la industria, de la banca y de la administración nazis. Se encuentra aquí al emisario de Martin Borman, el Standartenführer Walter Rauff. Ambos hombres van a organizar las redes de evasión de los jefes nazis, preparar su camuflaje, repartir capitales, prever la creación de sociedades alemanas en el extranjero. Considerado criminal de guerra por los húngaros, consigue salir indemne de la aventura hitleriana. Testigo de cargo en el proceso de Nüremberg, denuncia a todos los torturadores de la Gestapo, ¡sus antiguos colaboradores! Inmediatamente es contratado por el C.I.C. norteamericano y se instala en Austria. Organiza en pocas semanas la red Höttl. Antiguos miembros del S.D., de las Waffen S.S. y oficiales de la Wehrmacht, acuden pronto a Bad Ausse, donde Höttl ha instalado su cuartel general. El grupo se encarga primero del contraespionaje en la región ocupada por las tropas norteamericanas y del espionaje en la zona rusa. El despacho del C.I.C. en Salzburgo proporciona los medios financieros y materiales. Höttl vuelve a tomar contacto con sus «amigos» que han quedado en Hungría y las informaciones llegan a diario a Salzburgo. 
Gehlen, que está interesado en Höttl por ser un especialista en cuestiones húngaras, le envía como emisario, para convencerlo de ingresar en su organización, a uno de sus amigos, el barón Harry Mast (también llamado conde Bobby). Los tratos con Höttl terminan en la integración pura y simple de la red Höttl en la de Gehlen. Los hombres de Höttl continúan reuniendo informaciones procedentes de Austria y Hungría y Höttl las transmite a la central de Munich. 
La red Gehlen fue fundamental en el espionaje y contraespionaje sobre los países que conformaban el Pacto de Varsovia. Gehlen proporcionaba la inteligencia y la O.S.S. y la C.I.A. proveían de todo aquello que precisaban para ejecutar su trabajo: dinero, equipos, transportes, armas. 
Entre los éxitos obtenidos por la red Gehlen se puede mencionar la «Operación Sunrise» por medio de la cual consiguió infiltrar más de 5.000 espías en los países del Este. Todos estos hombres, que fueron entrenados por el general S.S. Burckhardt, continuaron sus operaciones hasta el año 1956, hasta que finalmente fueron exterminados por la KGB. Habían colaborado en Ucrania con el líder nacionalista Stepan Bandera. 

Stepan Bandera 
 
Otro éxito trascendental fue la infiltración, en un puesto de jerarquía, de su agente Walter Gramash, como Director del Departamento de Flotas y Puertos de Alemania Oriental. Este agente transmitió información secreta a Munich durante siete años. Gehlen, asimismo, proporcionó información precisa sobre el emplazamiento de misiles soviéticos con cabezas nucleares; trabajó en colaboración y brindó apoyo a organizaciones nacionalistas clandestinas como «Guardia de Hierro» en Rumania o la «Ustashe» en Yugoslavia; llevó adelante la «Operación Rusty» de contraespionaje contra organizaciones de alemanes disidentes. La red Gehlen tuvo éxito también al descubrir y desarticular la «Unidad de Asesinatos SMERSH» (organización soviética que se había encargado de hallar y eliminar informantes y dobles agentes enemigos); como así también en la construcción del llamado «Túnel de Berlín» el cual fue excavado por debajo del Muro de Berlín para poder interceptar y escuchar todas las comunicaciones soviéticas y de Alemania del Este. 
Pero también es cierto que la organización de Gehlen reclutó a miles de alemanes ex miembros de las S.S. y la Gestapo, que eran buscados por crímenes de guerra, y les proporcionó identidades falsas, pasaportes, historiales adulterados, dinero y hasta puestos de trabajo. Gran parte de esos hombres hallaron refugio en Chile, Argentina y Paraguay. Cuando la Guerra Fría entró en su momento más crítico, toda exigencia inicial de no emplear ex miembros de la Gestapo o las S.S. fue olvidada y hombres como James Angleton (que llegaría a Jefe de Inteligencia de la C.I.A.) fue la persona encargada de elaborar y facilitar las identidades falsas. Precisamente, cuando la C.I.A. fue creada se nombró como su primer Director a Allen Welsh Dulles. Se afirma que fue Gehlen quien le proporcionó a Dulles los «lineamientos generales» de cómo debía organizarse una nueva agencia de inteligencia. 
En Abril de 1956, la red Gehlen fue reubicada al servicio de Alemania Federal con el nombre de B.N.D. (Bundesnachrichtendienst – Servicio Federal de Información). 

B.N.D. 
 
Gehlen conservó su alto cargo en la inteligencia alemana y fue ascendido a Teniente General de la Bundeswehr (las nuevas fuerzas armadas de Alemania). 

Emblema Bundeswehr 
 
En 1968 se vió obligado a renunciar como consecuencia del escándalo político que se generó al descubrirse que un oficial de alta jerarquía del B.N.D., Heinz Halfe, era un agente doble al servicio de la K.G.B.
A partir de su retiro, Reinhardt Gehlen llevó una vida tranquila, sin mayor trascendencia pública, hasta que falleció el 8 de Junio de 1979.
Por toda su trayectoria, es considerado una auténtica leyenda en el mundo de los servicios de información.
 

Reinhardt Gehlen en su vejez 
 


Fuente: Los grandes enigmas del IIIer Reich

viernes, 26 de noviembre de 2010

Guerra de Biafra (parte 3): Guerra aérea sobre Nigeria

Guerra aérea sobre Nigeria (2) 

Los biafreños rápidamente comprendieron la importancia del poder aéreo y empezaron a organizar una heterogénea fuerza aérea, así como también a usar aviones de transporte para traer cargamentos de armas al país. Los vuelos regulares del DC-7 de Air TransAfrica desde Sudáfrica ya se iniciaron en el verano de 1966; otros aviones operaron desde Portugal, vía la Guinea portuguesa (hoy Guinea-Bissau) y Camerún. En octubre de 1966, por ejemplo, un DC-4M Argonaut, de Royal Air Burundi, pilotado por un mercenario, Henry Wharton/Heinrich Wartski, aterrizó de emergencia en Garoua, en Camerún, mientras llevaba una carga militar desde Rotterdam. El mismo piloto supuestamente también voló el Super Constellation (5T-TAF) de Transportes Aereos Portugueses (TAP), detenido con una carga de armas en Malta, en septiembre de 1967. Más aviones se involucraría posteriormente, incluyendo veteranos Constellations (algunos llevando falsas matrículas nigerianas como 5N83H, 5N84H, y 5N86H), DC-4, DC-6 y un DC-7 de AirTrans-Africa (VP-WBO/ZP-WBO), volado por Ernest Koenig, el rhodesiano Jack Malloch y el mercenario británico Alistair Wickes. 

El 23 de abril de 1967, un Fokker F.27 (5N-AAV) de Nigerian Airways fue secuestrado mientras volaba de Benin a Lagos, y obligado a aterrizar en Enugu. El avión fue después equipado como bombardero improvisado. Un segundo transporte, un DC-3 (9G-AAD) de Ghana Airways, se agregó el 15 de junio, después de que fuera obligado a aterrizar en Port Harcourt. A principios de julio, también un Douglas B-26R Invader ex-francés (41-39531) estaba operacional en Enugu, después de que fuera llevado a Biafra por Jean Zumbach (también conocido como Johnny Brown oKamikase Braun). Un segundo B-26 (41-34531) lo va a seguir en agosto. En julio también un Riley Dove -con matrícula estadounidense (N477PM)- fue conducido a Port Harcourt desde Suiza, por André Juillard/Girard/Gerard, llevando una carga de 2.000 rifles de fabricación húngara. El avión se usó en misiones de reconocimiento, pero ya el 13 de julio de 1967 se vio obligado a aterrizar en el interior de Argelia y luego fue incorporado al servicio de la fuerza aérea local. 

El ejército federal empezó a movilizarse sólo el 6 de julio, comenzando la guerra varios días después asegurando Ogoja, Nsukka y la terminal petrolera de Bonny. Pero, ya el 10 julio la Fuerza Aérea de Biafra (Biafran Air Force - BAF) empezó a atacar, enviando a su avión a bombardear el campo de aviación de Makurdi dónde varios DC-3 civiles –usados para el transporte de tropas federales- fueron dañados. En los días siguientes, el único B-26R fue empleado para atacar Lagos y Kano, causando en ambos lugares sólo escasos daños: debido a que la NAF todavía no estaba operacional, también había muy poco que bombardear en cualquier lugar. El 26 de julio, el B-26 y el DC-3 secuestrado fueron usados para atacar el destructor Nigeria, que estaba bloqueando Port Harcourt. En cuanto el segundo B-26 llegó a Biafra, el 12 de agosto de 1967, ambos Invaders se usaron para atacar y hundir un ferry en el río Níger. 

Con los biafreños completamente incontestables en el aire, las fuerzas federales se desesperaron para obtener aviones de combate, y después de entablar negociaciones con los soviéticos y Gran Bretaña, el 13 agosto la URSS empezó a transportar los primeros MiG-17 desde Egipto a Kano, enviando simultáneamente un gran cargamento a bordo de un mercante polaco. Sudán también prestó dos Jet Provosts de reacción, pero éstos quedaron pronto inoperantes. La BAF reaccionó con una serie de ataques contra Kano, el 19 y 20 agosto, dañando varios MIG en tierra. Carentes de bombas convencionales, los biafreños las improvisaron, utilizando, por ejemplo, tambores de combustible a los que adosaban una simple mecha. No obstante, los MIG se volvieron operacionales y volaron sus primeras misiones de combate el 30 del mismo mes, atacando los campos de aviación de Onitsha. La NAF logró su primer éxito el 10 de septiembre, cuando los MIG destruyeron uno de los B-26 en tierra, en Enugu. 

La llegada de los MiG no sólo cambió la situación en el aire, sino pronto también se hizo sentir en tierra. En una vasta ofensiva, el 22 de septiembre los biafreños fueron arrojados de Benin City, y en los días siguientes perdieron más territorio: Enugu cayó el 4 de octubre y Ojukwu se vio obligado a trasladar su capital a Umuahia. El 7 de octubre, el F.27 de la BAF estalló sobre Lagos: las fuerzas federales afirmaron haberlo derribado, pero es muy probable que una de las bombas improvisadas que llevaba el avión estallara accidentalmente. 

Durante el invierno siguiente, el mal tiempo y la falta de repuestos en ambos bandos hicieron que las operaciones aéreas se suspendieran casi por completo, pero en mayo de 1968 ambos contendientes regresaron al aire, cuando las tropas federales iniciaron una nueva ofensiva. El 18 de mayo cayó Port Harcourt; la BAF pierde su DC-3, así como el segundo B-26. Por ese tiempo, los biafreños y sus agentes intentaron también adquirir aviones de reacción, comprando dos Fouga Magisters en Austria. Pero, mientras los fuselajes de los 4D-YF y 4D-YL llegaron intactos, sus alas fueron saboteadas mientras estaban en Bissau, dejándolos inutilizados. 

La ofensiva federal continuó, y el 18 de junio de 1968 cayó Awgu, dejando a Biafra con sólo una pista de aterrizaje, un tramo de un camino consolidado cerca de Uli-Ihailia, denominada “Annabelle”. La Cruz Roja construyó otra pista de aterrizaje cerca de Afikpo. Esta pista no sólo sería usada por los C-97G de la Cruz Roja Internacional, sino también por los DC-4 y C-130 empleados por la Cruz Roja francesa y sueca respectivamente, y los aviones alquilados por JointChurchAid y el Consejo Mundial de Iglesias a Balair (dos DC-6A), así como muchos otros aparatos, incluidos los de organizaciones de socorro más pequeñas, principalmente Avro Anson ex-RAF, para transportar comida y suministros médicos (en noviembre de 1968, 20 toneladas de alimentos y suministros en promedio eran llevadas por avión a Biafra todas las noches). El gobierno de Alemania Occidental incluso cedió el tercer prototipo del Transall C.160 a Balair: este avión voló 198 misiones desde Cotonou, en Dahomey, en 1969. Pero, la NAF entretanto estaba operando no sólo con MiG-17: seis bombarderos Il-28, pilotados por egipcios y checos, fueron entregados desde Egipto y estacionados en Calabar y Port Harcourt. Estos aviones se usaron para una campaña de bombardeo indiscriminada que no sólo dañó fuertemente ambas pistas de Biafra, sino también muchos otros objetivos e instalaciones, y mató a más de 2.000 civiles. Con la NAF en posesión de una superioridad aérea completa, los vuelos a Biafra se volvieron sumamente arriesgados de día, y todos tuvieron que ser realizados de noche. 

Pero, los biafreños, no obstante, pudieron reforzarse e incluso reclutar bastantes mercenarios para organizar la 4ª Brigada de Comandos, que iba a convertirse en la unidad principal en la siguiente ofensiva sobre Onitsha, así como para sitiar a la 3ª División de Comandos nigeriana en Oweri. La NAF intentó abastecer a la guarnición sitiada y a la 3ª División desde el aire, pero finalmente ambas localidades fueron capturadas por los biafreños. Esto fue causado, en parte, por el líder de la junta nigeriana, Gen. Gowon que –bajo inmensa presión debido a la imagen muy negativa de Nigeria en la opinión pública internacional, influenciada por una campaña propagandística muy exitosa sobre el sufrimiento de población de Biafra, promovida por Ojukwu- ordenó a la NAF que encontrara la manera de permitir a los aviones de auxilio continuar sus operaciones en Biafra, mientras intentaba evitar que se filtraran los suministros de armas. A la larga, no se encontró nunca una solución apropiada: el flujo de armas a Biafra continuó hasta el amargo final. Esto, a su vez, hizo posible el último drama de esta guerra. 

A fines de 1968 y principios de 1969, el Consejo Mundial de Iglesias enviaba suministros a Biafra a bordo de varios DC-7B de Transair, uno de los cuales era pilotado por el conde sueco Carl Gustav von Rosen. Von Rosen había llevado una vida aventurera, volando para la Fuerza Aérea Finlandesa durante la guerra contra la URSS, en 1939, y en Etiopía en el momento de la invasión italiana. Muy preocupado por la suerte de los biafreños, él volvió a Suecia para intentar formar una nueva BiAF, comprando cinco entrenadores armados MFI-9F Minicon y contratando a varios mercenarios. Los Minicon se enviaron a Francia, donde fueron armados con cohetes no guiados, y luego a Libreville (Gabón), para ser ensamblados y camuflados. Los nuevos “fighters” biafreños se volvieron operacionales en Orlu, el 22 de mayo de 1969. Ese mismo día uno de ellos fue usado para atacar el campo de aviación de Port Harcourt, dónde dos MiG-17 y dos Il-28 fueron reclamados como destruidos o dañados. El día 24, los Minicon también atacaron el campo de aviación de Benin City, afirmando haber dañado un MiG y un Il-28. El 28 de mayo Enugu fue atacada, y en la noche siguiente las instalaciones petrolíferas de Port Harcourt corrieron la misma suerte. Von Rosen regresó entonces a Suecia para adquirir más Minicon, supuestamente para el Aeroclub de Abidján, pero éstos no iban a llegar antes de octubre. Entretanto, Ernest Koenig compró dos C-47 ex alemanes occidentales, y en noviembre de 1969 también cuatro T-6 Texan fueron adquiridos. El 9 de noviembre, los Texan atacaron el campo de aviación de Port Harcourt y reclamaron la destrucción de un DC-4 de Pan African Airways. A su vez, la NAF organizó patrullas aéreas de combate que empezaron a volar sobre el área, y uno de los mercenarios británicos que pilotaba los MiG-17 reclamó el derribo de un T-6. Ese mismo mes también un DC-6 de la Fred Olsen Line se estrelló en Uli, mientras intentaba realizar un aterrizaje nocturno. 

A pesar de los golpes infligidos por los Minicon, las fuerzas federales nigerianas estaban asediando con éxito a Biafra, intentando someter por hambre al país. Los MIG de la NAF volaban incluso de noche, intentando directamente detener los vuelos de suministro. En junio de 1969, un DC-7 de la Cruz Roja se estrelló después de cruzar la costa cerca de Eket, luego de ser atacado por un MiG-17, conducido por un piloto británico contratado. Los biafreños inmediatamente intentaron conseguir cazas nocturnos, adquiriendo dos Meteor NF.14, usados como remolques de blanco por la Enterprise Films, vía Templewood Aviation. Ambos cazas alcanzaron Africa, pero el primero acabó su viaje en Bissau, de dónde no se le permitió continuar; el otro se reportó desaparecido el 10 de noviembre de 1969, frente a las Islas de Cavo Verde, aunque el piloto holandés fue rescatado. 

El 22 de diciembre de 1969, las tropas federales, apoyadas por los MiG-17 e Il-28 sobrevivientes, lanzaron la ofensiva final, cortando en dos el territorio bajo el mando de Ojukwu. Por entonces, la BAF había quedado reducida a tres Minicoin, un T-6 y un Alouette II. Durante un bombardeo de la NAF a Uga, una bomba destruyó dos Minicoin. El día 4 de enero fue abatido Ibi Allwell Brown en el último Minicoin. Entretanto el Alouette II quedó inoperativo. En la primera semana de 1970 la BAF se reducía a un único T-6G operativo. 

El 13 enero de 1970, las restantes fuerzas de Biafra capitularon y Ojukwu escapó de Uli a Abidján, a bordo del Super Constelation 5N-86H. 

Guerra de Biafra (parte 2): Guerra aérea sobre Nigeria

Guerra aérea sobre Nigeria (1) 

Introducción 
Nigeria se independizó de Gran Bretaña en octubre de 1960 y, un lustro después, parecía hallarse en medio de un proceso político relativamente pacifico. Sin embargo, las prácticas corruptas estaban ampliamente extendidas, incluidas la intimidación de opositores, la manipulación de la Constitución y de las cortes, la desviación de fondos públicos hacia los partidos políticos y el uso privado, los fraudes electorales y la corrupción de funcionarios públicos, cuyos patrocinadores políticos esperaban que ellos pusieran los intereses partidarios por delante de sus responsabilidades legales. 

La constitución en vigor previa una estructura federal con un gobierno central y tres regiones parcialmente autónomas: Norte, Oeste y Este, a las que en 1963 se agregó una cuarta, denominada Medio-Oeste (Midwest). El gobierno central tenía jurisdicción sobre relaciones exteriores, defensa, bancos, aduanas y comunicaciones. El parlamento federal comprendía dos cámaras: una Cámara de Representantes elegida por sufragio universal y un Senado compuesto por doce miembros por cada región, más cuatro por Lagos, la capital, y cuatro designados. Esta organización favorecía claramente a los emires musulmanes de la región Norte, la mayor y más poblada, que podían dominar el parlamento y controlar el gobierno federal. Así, desde la independencia, el cargo de primer ministro lo ocupó “sir” Abubakar Tafawa Balewa, miembro del NPC (Northern Peoples Congress), partido dominante en el Norte, lo que provocó los resquemores de los grupos étnicos que habitaban en las otras regiones, especialmente de los ibos del Sur. 

El 15 de enero de 1966, al término de la conferencia extraordinaria de la Commonwealth que se había reunido en Lagos para tratar la cuestión de Rhodesia, un grupo de jóvenes oficiales del Ejército, en su mayoría ibos, liderados por el mayor Chukwuma Nzeogwu, se revelaron y asesinaron al primer ministro federal Tafawa Balewa, así como al premier de la región Norte, Ahmadu Bello, y al de la región Oeste, Samuel Akintola, junto con otros altos funcionarios federales y regionales. Esta revuelta, cuyos organizadores bautizaron con el nombre en código de “Operación Damisa” (Leopardo), fue el golpe de Estado más sangriento que Africa había presenciado hasta entonces. 

La rebelión fue dominada por el general Johnson Aguiyi-Ironsi, jefe del Ejército y miembro de la etnia ibo, que asumió todos los poderes, suspendió la Constitución y reemplazó el régimen federal por un sistema unitario de provincias. Pero, el 29 de julio, en un nuevo golpe militar, los insurgentes dieron muerte a Ironsi y a 200 oficiales ibos y tomó el poder el teniente coronel Yakubu Gowon, de extracción norteña, quien restableció la federación. En septiembre y octubre, miles de ibos fueron asesinados en el Norte y cerca de un millón expulsados de la región. 

Estos acontecimientos hicieron que los sentimientos secesionistas fueran ganando terreno entre los ibos, y un incidente pareció confirmar los temores de escisión: en noviembre, un avión pilotado por un estadounidense con siete toneladas de armas con destino a la región Este se estrelló en Camerún. En efecto, el gobernador de dicha zona, teniente coronel Odumegwu Ojukwu, había comenzado a armarse para defender una posible secesión de su región. Gowon declaró inmediatamente que reprimiría cualquier brote secesionista y reorganizó el Ejército. 

Tras prolongadas negociaciones entre Gowon y Ojukwu no se llegó a ningún acuerdo y, a principios de mayo de 1967, el Gobierno federal inició un bloqueo postal y de telecomunicaciones contra la región Este, la cual, semanas antes, había ya congelado el envío a Lagos de los impuestos federales. Los acontecimientos se deterioraron de tal forma que el 27 de mayo Gowon estableció, por decreto, que Nigeria cambiaría su estructura federal, pasando el país a estar dividido en doce regiones en vez de cuatro. Esto implicaba la división de la región Este, patria de los ibos, en tres distritos separados. El 30 de Mayo, Ojukwu se desquitó proclamando la independencia de su región con el nombre de República de Biafra, iniciándose una sangrienta guerra civil que habría de prolongarse por 31 meses. 

Que el conflicto se prolongara por tanto tiempo se debió en gran parte a la fuerza de voluntad y a la magistral diplomacia de Ojukwu, que presentó con éxito ante el mundo a Biafra como una valiente nación cristiana masacrada por opresores musulmanes, interesados solo en sus reservas de petróleo. Ojukwu consiguió que Biafra fuese reconocida diplomáticamente por cuatro naciones africanas: Tanzania, Zambia, Costa de Marfil y Gabón. En mayo de 1969, sorprendentemente, Haití se convirtió en el quinto y último país en reconocer a la republica de Biafra. 

Militarmente Biafra fue apoyada, de forma más o menos encubierta, por Portugal, Francia, Alemania Federal, Sudáfrica, Israel y China, cada cual por sus propias razones. Ojukwu consiguió, además, manipular a los servicios de asistencia mundiales para dar cobertura a los vuelos que traían armamento para sus tropas, armamento que en muchos casos había sido adquirido a traficantes internacionales que obtendrían grandes ganancias con este conflicto. 

Por su parte, el gobierno federal nigeriano recibió el apoyo de la mayoría de los países africanos –movidos por la procupación de que algun día pudiera aparecer en su propio territorio un caso “Biafra”-, del bloque socialista y de Gran Bretaña, la antigua metrópoli. 

Así, la guerra de Biafra tuvo la particularidad de conciliar a ambos lados las más sorprendentes combinaciones de apoyos. Si Nigeria consiguió reunir de su lado en plena “Guerra Fría” a Gran Bretaña y a la URSS, Biafra unió a Tanzania y Zambia con Portugal y Sudáfrica. Más de cuarenta años después, aun es difícil establecer las razones que llevaron al gobierno portugués del Dr. Oliveira Salazar a apoyar a un pueblo en la lucha por su autodeterminación, cuando al mismo tiempo Portugal luchaba arduamente contra la rebelión en sus territorios ultramarinos. No habrá sido extraña la influencia de Francia, donde el gobierno del general De Gaulle había declarado abierta y públicamente su apoyo a Biafra (Francia era, en ese tiempo, uno de los raros países occidentales que suministraba material de guerra a Portugal). Influencia habrá tenido también la Iglesia Católica, resueltamente empeñada en aliviar el sufrimiento de la población civil de Biafra. 

La ayuda portuguesa a Biafra fue claramente visible en las siguientes áreas: libre (o prácticamente libre) circulación de bienes, equipamiento, armamento, aeronaves, etc., en los aeropuertos de Lisboa, Faro, Bissau, Sal, São Tomé y Luanda en apoyo del puente aéreo con destino a Biafra; manutención de la única línea de telex permanente entre Biafra y el resto del mundo, vía Lisboa; manutención y facilidades de reparación de los aviones implicados en el puente aéreo en Luanda.; reparación y armado en el aeródromo de Tires, por parte de la SEAMA (Sociedade de Exploração de Aeródromos e Manutenção de Aeronaves S.A.R.L.) de algunos T-6G de origen francés; personal para operar los referidos T-6 (pilotos y mecánicos), etc. 

Existen además fuertes indicios del suministro (directo o a través de otros países) de bombas de aviación F.G.50Kg/M1-61, municiones de 7.92mm (Mauser), uniformes militares, morteros y proyectiles de 60mm, fusiles automáticos G-3, municiones de 7.62mm, etc. 

Por encontrarse profundamente enredados en la dura guerra de Vietnam, los EE.UU. no se implicaron directamente en este conflicto, mostrando, no obstante, cierta simpatía por la causa biafrana. Si los británicos siempre consideraron a la guerra de Vietnam como una consecuencia de los errores diplomáticos norteamericanos, los EE.UU. siempre plantearon claramente que consideraban la guerra civil de Nigeria como responsabilidad de los británicos. La llegada de Richard Nixon a la Casa Blanca en 1969 tuvo como resultado un aumento de la ayuda humanitaria norteamericana a Biafra, mientras que algunos indicios parecen indicar que también otros tipos de asistencia le fueron brindados por métodos encubiertos -entiéndase a través de la CIA-. 


• La división de fuerzas 
A principios de 1966, el Ejército Federal de Nigeria disponía apenas de 5 batallones de infantería, 2 escuadrones de reconocimiento y otras unidades de apoyo, con un total de 9.000 hombres, distribuidos de la siguiente manera: 

Región Norte 
Kano: 5º Batallón de Infantería 

Kaduna: 3º Batallón de Infantería 
6º Batallón de Infantería 
Batería de Artillería de campaña 
Escuadrón de Ingenieros 
Escuadrón de Reconocimiento 
Regimiento de Transporte 
Academia Militar 
Depósito de Pertrechos 
Hospital Militar 
Cuartel General Regimental 
Fábrica de Municiones 

Zaria: Base entrenamiento de reclutas 
Escuela Militar 

Región Oeste 
Ibadan: 4º Batallón de Infantería 
Abeokuta: Batería de Artillería de campaña 
Escuadrón de Reconocimiento 

Región Este 
Enugu: 1º Batallón de Infantería 


Lo que se conocía como Ejército Federal de Nigeria era, antes de 1960, una parte del Ejército Británico del Africa Occidental, denominado oficialmente Real Fuerza Fronteriza del Africa Occidental (Royal West Africa Frontier Force o RWAFF). Esta fuerza incluía las tropas desplegadas en Costa de Oro (Ghana), Nigeria, Sierra Leona y Gambia. En ese momento, había solo ocho oficiales nigerianos en toda la fuerza, pues el resto eran británicos. El papel de un ejército en un país en vías de desarrollo no fue comprendido totalmente por los líderes nacionalistas que lucharon por la autonomía, en consecuencia, no hubo una presión eficaz sobre el Gobierno británico para que este entrenara a los oficiales nigerianos en preparación para la independencia. Incluso en esta fase, estaba claro que la estabilidad futura de una nación como Nigeria dependía, en gran parte, de la existencia de un ejército fiable. Un resultado de esta cortedad de miras fue que el primer nigeriano puesto al frente del Ejército Federal –el general J.T.U. Aguiyi Ironsi-, no fue designado hasta marzo de 1965, casi cinco años después de la independencia. Con la independencia, fue también obvio que sólo el grupo que controlara al Ejército podría aspirar a dirigir un gobierno nigeriano estable. 

Por casualidad o por intención, la mayoría de las instalaciones militares se concentraron en una región del país: el Norte. No había ninguna unidad militar en el Medio-Oeste y aquéllas destacadas en Lagos tenían funciones puramente administrativas o ceremoniales. El reclutamiento de soldados estaba basado en el sistema de cuotas étnicas. Bajo dicho sistema la Región Norte proporcionaba el 60 %, la Este y la Oeste 15 % cada una y la del Medio-Oeste 10 %. Esto se hizo así para animar a los norteños, que no habían estado inicialmente interesados en hacerlo, a unirse al Ejército. Por ello, los requisitos para entrar en la milicia fueron también rebajados para favorecer a los norteños. Como resultado, en 1966 la mayoría absoluta de los militares procedía del Norte. 

Por otro lado, con el tiempo las normas y la disciplina se fueron relajando dentro del Ejército y los soldados se volvieron más conscientes políticamente. 

El envolvimiento del Ejército en la política se hizo mucho más notorio durante las elecciones que tuvieron lugar en la Región Oeste en octubre de 1965. Los políticos cortejaron abiertamente a los altos oficiales militares. Debido al caos que caracterizó la elección general de 1964 y la elección en la Región Oeste de 1965, quedó claro que Nigeria estaba al borde la crisis. En octubre de 1965, los rumores de un inminente golpe de Estado ya comenzaron a circular por el país. No fue, por consiguiente, una gran sorpresa cuando este tuvo lugar finalmente. 

Después de los acontecimientos ya conocidos, al alba del 6 de julio de 1967 se disparó la primera bala que dio inicio a 30 meses de una contienda civil repugnante. Los preparativos para la guerra por parte del Gobierno Federal Nigeriano ya se habían iniciado en mayo. Todos los soldados de origen norteño, occidental y del Medio-Oeste se habían retirado del Este y redesplegado. Cuatro de los batallones regulares de infantería del Ejército se pusieron bajo el mando de la 1ª Brigada y fueron redesignados 1º Comando de Área. 

La movilización de ex-militares también fue ordenada por el Comandante en Jefe. Con aquellos movilizados, aproximadamente unos siete mil, se formaron otros cuatro batallones. También se incrementó el reclutamiento de personal de la Fuerza Policial Nigeriana. Pero, la rápida expansión de las fuerzas armadas provocó que la mayoría de los hombres reclutados estuviesen mal entrenados y que existiera una carencia crónica de oficiales preparados (muchos oficiales con grado superior a capitán habían sido muertos en los golpes de 1966, a los que había que sumar los que se pasaron al Ejército de Biafra). 

Por el lado de Biafra, los preparativos se iniciaron en cuanto las tropas de origen no-oriental se retiraron de Enugu. Miles de personas corrieron a alistarse. En principio, la Región Este no tenía armas suficientes, desde el momento en que todos los soldados que regresaron allí lo hicieron sin sus armas, mientras que los que se retiraron partieron con las suyas. Sin embargo, ya antes de estallar la guerra, Ojukwu logró conseguir armas y municiones de diversas fuentes. 

Muchos pilotos y técnicos de origen ibo, miembros de la Fuerza Aérea Nigeriana, regresaron a su región para formar la Fuerza Aérea de Biafra (Biafran Air Force o BAF), que comenzó a operar con unos pocos aviones y helicópteros adquiridos o confiscados. También, una pequeña fuerza naval se organizó en Calabar con algunos botes patrulleros usados anteriormente por la Armada Nigeriana. Después, más barcos fueron construidos localmente, siendo blindados y armados con cañones ligeros y ametralladoras. 

Debido a la buena preparación de sus oficiales, formados en su mayoría en Gran Bretaña, el ejército de Biafra utilizó en combate solo algunas decenas de militares extranjeros. Al contrario de las guerras del Congo, donde los mercenarios dominaron en todos los puestos y, por su comportamiento, pasaran a ser conocidos como “Les affreux”, en Biafra sólo servirán militares experimentados en operaciones de “comando”. Se distinguirán el alemán Rolf Steiner, comandante del 4° Comando (expulsado, en desgracia, por insubordinación), el gales/sudafricano “Taffy” Williams, el belga Marc Goosens (muerto en combate), el corso Armand “the brave” Iaranelli y el rhodesiano Johnny Erasmus. Sin embargo, estos militares, a semejanza de la mayoría de los extranjeros al servicio de la BAF (Biafra Air Force), serán considerados como “voluntarios”, por los mismos motivos que los extranjeros que sirvieron en la guerra civil española.